![]() |
COMORBILIDAD
EN EL TDAH |
COMORBIDITY
IN ATTENTION DEFICIT HYPERACTIVITY DISORDER |
CONFERENCES
TOPIC: NEUROPSYCHIATRY
| J. ARTIGAS-PALLARÉS, K. GARCIA NONELL, E. RIGAU RATERA |
| Unitat de Neuropediatria. Hospital de Sabadell. Corporació Sanitària Parc Taulí |
Abstract |
In this paper we review the aspects linked with the comorbidity of attention deficit hyperactivity disorder (ADHD). The disorders most frequently associated with ADHD are: Tourette syndrome, generalised development disorders, communication disorders, learning disorders, coordination development disorders, behavioural disorders, anxiety disorders, affective disorders and mental retardation. From the neurocognitive point of view, the executive functions play an important role in ADHD and from the neuroanatomical point of view there is involvement of the frontostriatal circuits. The functional model of ADHD based on these functions and these structures enables us to understand the comorbidity with the above-mentioned processes. Given the high rate of comorbidity of ADHD it is important to identify the associated problems in order to rationalise the psychological approach and pharmacological treatment employed. We also review the therapeutic implications that comorbidity entails. |
| Key Words: ADHD. Anxiety disorders. Attention deficit hyperactivity disorder. Behavioural disorders. Childhood depression. Coordination development disorders. Dyslexia. Executive functions. Tourette syndrome. Working memory. |
Resumen |
El presente articulo es una revisión sobre los aspectos relacionados con la comorbilidad del Trastorno de déficit de atención/hiperactividad (TDAH). Los trastornos con los cuales el TDAH se asocia con más frecuencia son: el síndrome de Tourette, los trastornos generalizados del desarrollo, los trastornos de la comunicación, los trastornos del aprendizaje, el trastorno del desarrollo de la coordinación, los trastornos de conducta, los trastornos de ansiedad, los trastornos afectivos y el retraso mental. Desde el punto de vista neurocognitivo, tienen un papel importante en el TDAH las funciones ejecutivas; desde el punto de vista neuroanatómico se implican los circuitos frontoestriados. El modelo funcional del TDAH basado en estas funciones y estas estructuras, permite comprender la comorbilidad con procesos citados. Dada la alta tasa de comorbilidad del TDAH, es muy importante la identificación de los problemas asociados, para racionalizar abordaje psicológico y el tratamiento farmacológico. Se revisan también las implicaciones terapéuticas que comporta la comorbilidad. |
| Palabras Clave: Trastorno de déficit de atención/hiperactividad, TDAH, síndrome de Tourette, dislexia, trastorno del desarrollo de la coordinación, depresión infantil, trastorno de ansiedad, trastornos de conducta, memoria de trabajo, funciones ejecutivas. |
INTRODUCCIÓN.
CONCEPTO DE COMORBILIDAD El trastorno de déficit de atención hiperactividad, es junto con la dislexia, la causa más importante de fracaso escolar. Debido a la imprecisión del diagnóstico, basado en criterios subjetivos y cuya apreciación puede variar a lo largo del tiempo, las cifras de prevalencia de TDAH que se sugieren son muy variables. En el DSM IV-TR (Manual de Clasificación y Diagnóstico de las Enfermedades Mentales, de la Academia Americana de Psiquiatría.) , se sugiere una prevalencia entre el 3-5 %. Sin embargo, estas cifras varían enormemente en función de la población estudiada, el método de estudio realizado y los criterios requeridos. En fechas recientes se ha llegado a proponer una prevalencia del 17.1 % . Sin embargo, si atendemos a los diversos síntomas y manifestaciones que se hallan en los niños con TDAH, fácilmente llegaremos a la conclusión de que la forma más rara de TDAH es la que se exhibe de forma aislada; es decir, limitada a las manifestaciones propias del trastorno. En un estudio realizado en Suecia por el grupo de Gillberg se ponía en evidencia que el 87 % de niños que cumplían todos los criterios de TDAH tenían por lo menos un diagnóstico comórbido y que el 67 % cumplían los criterios por lo menos para dos trastornos comórbidos. Las comorbilidades más frecuentes fueron el trastorno de conducta de oposición desafiante y el trastorno del desarrollo de la coordinación . La conclusión inmediata es la de que cuando se atiende a un niño con TDAH, si el diagnóstico queda limitado al TDAH, existen altas probabilidades de que estemos pasando por alto otros problemas, en ocasiones más importantes que el propio TDAH. La forma más simplista de entender el término comorbilidad, seria referirla a la presentación en un mismo individuo de dos o más enfermedades o trastornos distintos. Por ejemplo, si un niño con TDAH, padece un ataque de apendicitis, tendrá dos procesos comórbidos. Sin embargo, la intervención para solucionar el problema quirúrgico, no variará, por el hecho de que el paciente sea hiperactivo. Tampoco se podrá atribuir una relación remotamente causal o interactiva entre ambos procesos, ni existe ninguna evidencia de que los niños con TDAH tengan más ataques de apendicitis que los niños sin TDAH. Para darle un significado útil al término comorbilidad se requieren dos condiciones. En primer lugar, que la presencia de la comorbilidad condicione una forma de presentación, pronóstico y abordaje terapéutico, distinto para cada proceso comórbido. Imaginemos un paciente con TDAH y síndrome de Tourette; posiblemente sea necesario tener en cuenta ambos procesos al proponer un tratamiento farmacológico; y también es posible que para comprender al paciente en su globalidad sea necesario integrar los conocimientos sobre uno y otro trastorno. La segunda característica para aceptar que dos procesos son comórbidos, en sentido estricto, es la condición de que la frecuencia en que uno aparece cuando el otro está presente, sea más alta que la prevalencia aislada en la población general. Continuando con el mismo ejemplo, consideramos que el síndrome de Tourette y el TDAH son comórbidos, porque la probabilidad de que un niño con síndrome Tourette padezca TDAH es mucho mayor que para el resto de la población. No obstante, debemos admitir que, por lo menos en parte, la comorbilidad no deja de ser un artefacto conceptual derivado de la forma arbitraria en que se han definido los trastornos mentales en el DSM IV . Puesto que en muchos trastornos el substrato biológico está lejos de ser unitario y delimitado, las definiciones y criterios diagnósticos parten de realidades observables, que con mayor o menor acierto han intentado clasificarse y sistematizarse. Pero no olvidemos que las definiciones van variando a lo largo del tiempo, que no son universalmente aceptadas y sobre todo, que la naturaleza no tiene ningún motivo ni ningún interés en ajustarse a ellas. Quiere esto decir que las propuestas nosológicas actuales, con toda certeza, van a variar en la medida que la genética molecular y la neurobiología aporten nuevos datos. Otra cuestión, que no debe perderse de vista, para entender el problema de la comorbilidad es que tanto el TDAH, como la mayoría de trastornos a los que se asocia, no son entidades discretas, sino que se trata de dimensiones conductuales que se distribuyen según un modelo continuo. El trastorno, no representa otra cosa que el extremo de dicho continuo. Para explicar esto con mayor claridad, pensemos que cualquiera de las manifestaciones del TDAH, puede estar presente en cualquier individuo en mayor o menor grado. ¿Quién no es un poco despistado, impulsivo o inquieto?, y ¿es el despiste, la impulsividad o inquietud, de cualquier individuo de naturaleza distinta a la de los niños con TDAH?. Es por ello, que el DSM IV aporta como condición necesaria para diagnosticar el trastorno, que las manifestaciones lleguen a causar un deterioro en la actividad escolar, social o laboral del individuo. Tampoco se escapa a un análisis riguroso el carácter relativo y contextual de este criterio. Con ello podemos llegar a la conclusión de que dos niños idénticos, serian diagnosticados o no de TDAH en función de sí viven en un medio urbano con un alto nivel de exigencia disciplinar y académica, o en un ámbito rural, menos rígido y menos preocupado por los resultados escolares. Por tanto, el limite entre el trastorno y la normalidad es poco preciso. También ocurre, en ocasiones, que los límites entre dos trastornos distintos pueden ser muy difíciles de establecer. Un niño con TDAH preferentemente disatencional, con pocas habilidades sociales, con torpeza motora, con problemas pragmáticos del lenguaje y con ciertos rasgos obsesivos, puede ser muy difícil y quizas terapéuticamente irrelevante distinguir si se trata de un TDAH o un síndrome de Asperger leve. O bien, un niño con TDAH y algún tic muy leve, ¿es un TDAH o un Tourette?. Puesto que por ahora no disponemos de marcadores biológicos para tales trastornos, estas preguntas no tienen una respuesta unívoca. Todas estas consideraciones deben ser integradas en la forma de pensamiento clínico, para entender la comorbilidad de forma lo más aproximada a la realidad subyacente. APROXIMACIÓN COGNITIVA. MODELO NEUROCOGNITIVO DEL TDAH Para entender tanto el TDAH como sus procesos comórbidos es necesario abordar los mecanismos cognitivos subyacentes al nivel más simple. Es preciso aproximarnos al conocimiento del funcionamiento del cerebro del niño con TDAH, para ver como ciertas disfunciones se aproximan o coinciden con disfunciones propias de otros trastornos. Una propuesta neurocognitiva aceptable debe estar basada en mecanismos cerebrales medibles y que puedan correlacionarse con propuestas de funcionalismo neurofisiológico objetivables experimentalmente. De otro modo la posibilidad de especulación es ilimitada y sostenible únicamente en base a sistemas cerrados, rígidos y dogmáticos, como ocurre con el psicoanálisis y la versión ingenua del conductismo. Por ello, lo que podía ser aceptable años atrás, en base a una falta de medios experimentales objetivables, actualmente puede ser obsoleto. Las modernas aproximaciones cognitivas al TDAH, de forma prácticamente unánime, hacen referencia a las funciones ejecutivas derivadas de la actividad del córtex prefrontal y estructuras vinculadas al mismo. Las funciones atribuidas a los circuitos frontoestriados permiten entender tanto los déficit cognitivos del TDAH como la de los procesos comórbidos. Se considera que el córtex prefrontal es necesario para dar soporte a las funciones expuestas en la tabla I TABLA I. FUNCIONES DEL LÓBULO PREFRONTAL - PlanificaciónLa tabla II muestra los circuitos involucrados en estas funciones TABLA II. CIRCUITOS FRONTOESTRIADOS Circuito esqueleto-motorLos circuitos frontoestriados conectan con todas la zonas corticales, que aportan la información sensitiva necesaria en todo momento para tomar las decisiones; además de compartir diversas estructuras en los núcleos de la base. La figura 1 trata de esquematizar dichos circuitos. ![]() Figura 1. Circuitos frontoestriados. AMS-AP: Area motora suplementaria y área premotora; OIC: Otros inputs corticales; DLPF: Cortex dorsolateral prefrontal; LOF: Cortex lateral orbitofrontal; CA: Cortex cingulado anterior: Gpi Globus palidus (parte interna); SNr: Sustancia Negra (parte reticular) El circuito más involucrado en el TDAH es el circuito dorsolateral prefrontal, al cual se le atribuyen las funciones referidas en la tabla III TABLA III. FUNCIONES DEL CIRCUITO DORSOLATERAL PREFRONTAL - Capacidad para conducta autónoma sin guía externaLas disfunciones ejecutivas dan lugar a las alteraciones cognitivas expuestas en la tabla IV TABLA IV. ALTERACIONES COGNITIVAS CONDICIONADAS POR DISFUNCION EJECUTIVA. - Capacidad para generar conductas con una finalidadContemplando de forma global las diversas funciones atribuidas al lóbulo frontal acuden a la mente interpretaciones para diversos síntomas no solo del TDAH, sino de otros trastornos del desarrollo también vinculados a estas regiones. Aproximándonos algo más a los mecanismos cognitivos involucrados en el TDAH, nos referiremos a continuación a la teoría propuesta por R Barkley (figura 2), para explicar el TDAH, sin dejar de admitir que existen propuestas alternativas, aunque no necesariamente contradictorias . ![]() Figura 2. Modelo cognitivo del TDAH según Barkley
Trastorno autista- Trastornos de la comunicación - Trastornos del aprendizaje Dislexia- Trastorno del desarrollo de la coordinación - Trastornos de conducta - Trastornos de ansiedad - Depresión y otros trastornos afectivos - Retraso mental El síndrome de Tourette, de acuerdo con la ultima definición del DSM IV TR, debe cumplir los criterios de: (A) Tics múltiples motores y uno o más tics vocales que han estado presentes en algún momento, aunque no necesariamente de forma coincidente; (B) Los tics ocurren muchas veces al dia (habitualmente en brotes), casi todos los dias o intermitentemente a lo largo de un periodo superior a un año, y durante este periodo no ha existido un periodo libre superior a tres meses consecutivos; (C) El inicio es antes de los 18 años; y (D) El trastorno no se debe a los efectos de una sustancia o a una condición médica general. Se ha eliminado, por tanto, la condición expresada en la versión anterior, el DSM IV, referente a la necesidad de que el trastorno generara un distres o deterioro clínicamente significativo; dada la subjetividad con que se podía interpretar dicho criterio. El síndrome de Tourette, muestra, a su vez, comorbilidad con diversos trastornos; de tal modo que no es raro que la manifestaciones asociadas sean más preocupantes que los síntomas genuinos del síndrome de Tourette. Tampoco es infrecuente que dentro de una familia con síndrome de Tourette, los distintos miembros afectados, muestren un espectro sintomático distinto, incluso con ausencia de tics. Por ejemplo, puede darse la circunstancia de diagnosticar TDAH en un niño, que tenga o no asociado algún tic, o historia de tics; y que además uno de los padres tenga una historia típica de síndrome de Tourette o una sintomatología típica de trastorno obsesivo compulsivo; en tanto que otros miembros de la familia tengan tics, hiperactividad, síntomas obsesivos o trastornos del aprendizaje. Ello nos ilustra, sobre el síndrome de Tourette, como un espectro sintomático en el que están presentes en distinta combinación y medida las citadas manifestaciones; pero con una expresión predominante de tics motores y tics vocales, crónicos y variables, por lo menos en algún miembro de la familia. En ocasiones las manifestaciones “tourettianas” de tics hacen su aparición por primera vez, después de la administración de metilfenidato en un niño con TDAH o trastorno de conducta. El síndrome de Tourette fue considerado una rareza por algunos autores, con una prevalencia estimada en el 0.5 por 10.000 ; sin embargo, estudios recientes, basados en los criterios del DSM IV, han precisado una prevalencia del 3 % en la población infantil . La comorbilidad con TDAH en pacientes con síndrome de Tourette ha sido estimada en el 40 % . De todos modos, hasta el presente no ha podido ser esclarecido, de forma concluyente, si el síndrome de Tourette favorece el desarrollo de TDAH o bien ambos síndromes tienen un componente genético compartido. La misma consideración se puede hacer con respecto a la comorbilidad entre síndrome de Tourette y trastorno obsesivo compulsivo. Estas apreciaciones, y otras muchas similares, que se dan en el terreno de la comorbilidad entre los trastornos del desarrollo neurocognitivo, hacen plantear la pregunta de si nos hallamos, como han hecho notar diversos autores , ante un artefacto taxonómico. Cuando intentamos encajar la realidad de nuestros pacientes en los constructos diagnósticos actuales, y los síntomas desbordan los límites establecidos para cada diagnóstico, no podemos determinar si estamos ante dos trastornos distintos, o bien ante un trastorno único que se expresa con síntomas de dos o más diagnósticos artificialmente definidos. Debido a la amplia comorbilidad del espectro de Tourette, es necesario incluso con más énfasis que en otros casos de TDAH, descartar otras manifestaciones tales como: problemas obsesivo compulsivos, problemas de conducta, trastornos del aprendizaje, especialmente dislexia, y manifestaciones próximas al síndrome de Asperger. Los trastornos generalizados del desarrollo, en sus formas más leves, con inteligencia normal, pueden ser muy difíciles de separar del TDAH. La tabla VI resume los síntomas “autistas” que se pueden hallar en un niño con TDAH. TABLA VI. SÍNTOMAS DEL TDAH QUE SE APROXIMAN AL AUTISMO - Estereotipias motorasLa estereotipias motoras pueden estar presente en el TDAH. A veces, puede resultar muy difícil establecer el limite entre una estereotipia y un tic, en cuyo caso la conexión se aproximaría más al síndrome de Tourette. Pero ello, resulta un argumento adicional a favor de la interconexión que existe entre todos estos trastornos. Las estereotipias de los niños hiperactivos que más se aproximan a las propias del autismo son: aleteo de manos, picar con los dedos, balanceo de la cabeza y repetición monótona de sonidos. Los niños con TDAH pueden mostrar patrones de conducta obsesivos, relacionados con poca flexibilidad mental y mala tolerancia a los cambios, conductas que también en este caso conectan tanto con el autismo como con el síndrome de Tourette. Los problemas de lenguaje, muy frecuentes en el TDAH, y en ocasiones el primer motivo de consulta por parte de los padres, generan que se puedan adquirir algunas de las características propias del autismo: ecolalias, pobre capacidad expresiva, deficiente comprensión verbal. Los problemas semánticos, unidos a una pobre habilidad para entender el contexto social, pueden aproximarse a un trastorno semántico-pragmático del lenguaje. Tampoco resulta excepcional que el lenguaje esté afectado a nivel prosódico, o en la modulación del volumen expresivo. Otras veces el niño con TDAH, en su forma disatencional, en lugar de ser extremadamente charlatán, es sumamente callado; aproximándose al mutismo selectivo, a su vez también relacionado con el síndrome de Asperger . Igualmente la comunicación derivada de la gesticulación no verbal puede ser muy limitada o inapropiada. Un problema, en algunos niños con TDAH, es su falta de habilidad para la interacción social. Ello puede estar motivado, tanto por una cierta ingenuidad, como por una carencia de empatía. En un estudio de Clara y Feehan encuentran en niños con el diagnóstico de TDAH, una elevada proporción (entre el 65 – 80 %) con dificultades significativas para la interacción social y la comunicación. Los aspectos donde esto se pone más en evidencia son la empatía y la relación con los compañeros; lo cual ocurre a partir de dificultades para la comunicación no verbal y el mantenimiento de una conversación. En otro estudio, Bonde compara la comorbilidad del autismo con: déficit de atención, problemas de control motor y dificultades en las funciones viso-motoras y viso-espaciales. Encuentra que el autista activo es el más propenso a la comorbilidad, en tanto que el autista pasivo o solitario tienden a formas más puras de autismo. Estas características condicionan que se puedan ver casos severos de TDAH en los que resulta imposible establecer un limite con el SA , . Todas estas apreciaciones han conducido a la propuesta de que posiblemente exista un continuo entre el autismo con retardo mental severo, el autismo clásico de Kanner y el TDAH . Los efectos cognitivos de una lesión del córtex prefrontal (CPF) han sido categorizados por Fuster como: (1) trastornos de la atención y percepción, (2) trastornos de la motilidad, incluyendo hipoquinesia e hiperquinesia y (3) trastornos de la integración temporal. Se hace evidente como estos déficit pueden servir para explicar tanto síntomas del autismo como del TADH. Sin embargo, en la practica, los casos fronterizos entre TDAH y autismo/síndrome de Asperger, pueden presentar serias dificultades para orientar la intervención y sobre todo para matizar la información que van recibir la familia y los educadores. Parece sensato que en tanto no cumpla los criterios completos del trastorno más severo, en este caso el trastorno generalizado del desarrollo, es preferible quedarse con el diagnóstico de TDAH, pero poniendo en evidencia los síntomas “autísticos” y teniendo muy presente en la intervención psicopedagógica todos los aspectos sociales. En otras ocasiones, no debe existir ningún reparo en proponer ambos diagnósticos, lo cual permitirá racionalizar el tratamiento. Por ejemplo, recomendando metilfenidato a un niño con el diagnóstico de autismo, si presenta manifestaciones típicas de TDAH. Los trastornos de la comunicación, también denominados trastornos específicos del lenguaje (TEL), están muy conectados tanto con la dislexia como con el TDAH. La conexión entre la dislexia y el TEL, parte del déficit fonológico propio de ambos trastornos. Una parte de los niños con TDAH muestran como primer síntoma dificultades fonológicas, retraso en el lenguaje o ambos problemas. Estos niños tienen un elevado riesgo de presentar dificultades en el aprendizaje de la lecto-escritura. Si bien es evidente, a partir de la práctica clínica, la concomitancia de dislexia y TDAH, los estudios que han intentado abordar el grado de coincidencia entre ambos trastornos, muestran cifran dispares. Una vez más, es necesario atribuir las discrepancias de apreciación al método diagnóstico y criterios utilizados. Tanto el TDAH, como la dislexia, se ubican en un modelo de distribución continuo, tal como se ha indicado anteriormente. Ello hace muy difícil establecer unos límites homogéneos, útiles para comparar resultados entre distintos estudios. Según Shaywitz y Shaywitz , el TDAH está presente en un 33 % de los niños disléxicos, en tanto que entre los niños con TDAH, del 8 al 39 %, presentan dislexia . Pero más halla de las cifras se debe aceptar como conclusión la necesidad de investigar el diagnóstico dislexia en todo niño con TDAH, especialmente si ha presentado dificultades en el lenguaje durante los primeros años. También es valida esta reflexión en sentido opuesto, es decir, valorar la posibilidad de TDAH en todo niño disléxico. En España existen pocas pruebas que faciliten el diagnóstico de dislexia. Pueden ser útiles el PROLEC para la franja de edad entre primer y cuarto curso de primaria, disponible en español y en euskera; y el PROLEC-SE , que cubre la franja de los 10 a los 16 años. También puede ser orientativo para niños con aprendizaje lector en español y catalán el TALE y TALEC respectivamente. Se han hallado relaciones entre el TDAH y la dislexia tanto de un punto de vista cognitivo como neuroanatómico. El nexo común entre TDAH y dislexia posiblemente sea la relación que ambos tienen con la memoria de trabajo. De acuerdo con el modelo de memoria de trabajo de Baddeley and Hitch (figura 3), el defecto fonológico que se atribuye a la dislexia tendría una repercusión sobre la memoria de trabajo , y en consecuencia haría más probable la aparición de síntomas propios de TDAH, si otros módulos cognitivos implicados en el TDAH, también están afectados. El mismo razonamiento, a la inversa, también puede se valido. Es decir, una baja memoria de trabajo, puede contribuir a las dificultades lectoras, en la medida que la representación fonológica, requiere memoria de trabajo. Por otro lado, en un estudio con neuroimagen en pacientes disléxicos, se ha encontrado que zonas del cerebro, comúnmente relacionadas con el TDAH, muestran en pacientes disléxicos, diferencias con respecto a la población normal . Según este estudio, en la dislexia, además de hallar alteraciones en zonas habitualmente relacionada con la dislexia tales como: el giro superior temporal izquierdo, y el giro angular izquierdo, también se hallan alteraciones en lóbulo frontal, caudado y tálamo, zonas vinculadas a los circuitos frontoestriados. El trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC) se define en el DSM IV como una marcada alteración en el desarrollo de la coordinación motora que interfiere significativamente con el aprendizaje escolar o las actividades de la vida diaria, y no es debida a una enfermedad médica general. En la década de los 60 se propuso el término Disfunción cerebral mínima, que incluía lo que hoy en día se considera TDAH, junto a trastornos del aprendizaje y manifestaciones motoras del tipo de las que se engloban en el TDC. Ello ya orienta respecto a la relación existente entre la disfunción motora y el TDAH. En niños con TDAH la comorbilidad con TDC aparece en un 47 % . Pero el dato más interesante de los estudios realizados con los niños que presentan TDAH y TDC conjuntamente, es que estos presentan peor pronóstico . Los problemas que se han detectado significativamente más frecuentes en el grupo TDAH/TDC, con respecto al grupo TDAH son: personalidad antisocial, abuso de alcohol, delincuencia, dislexia y bajo nivel educacional . Por lo tanto, se les debe prestar una especial atención, y minimizar en lo posible la repercusión psicosocial del trastorno, interviniendo precozmente con las terapias que se consideren oportunas para cada caso. Los problemas de conducta constituyen, junto con las dificultades escolares, la repercusión más negativa del TDAH. Es por lo tanto difícil determinar si los problemas de conducta, representan un trastorno comórbido, o simplemente son una de las manifestaciones principales del TDAH. Sin embargo, si el punto de mira se fija en los casos más severos de problemas de conducta, se hace patente que se trata de trastornos distintos asociados que se potencian mutuamente. Ello no contradice que exista un gran solapamiento sintomático entre ambos trastornos. La concurrencia de trastorno de conducta (TC), o trastorno de oposición desafiante (TOD) ha sido estimada entre el 15 % y 60 % de niños con TDAH. Por el contrario si se contempla el problema desde la vertiente del trastorno de conducta, resulta que entre el 69 % y 80 % de preadolescentes con trastorno de conducta, presentan los criterios para TDAH. Sin embargo, en la edad adolescente las formas “puras” de trastorno de conducta, sin TDAH son más prevalentes . Los niños con TDAH/TOD se suelen identificar a partir de los 2-3 años, por motivo de sus conductas manipuladoras, orientadas a obtener una atención especial. Durante los primeros años, las dificultades en su manejo vendrán derivadas, en mucha mayor medida, por los problemas de conducta, que por los problemas disatencionales. La disrupción familiar que ocasionan puede ser muy importante, creando serios problemas en la convivencia familiar. Cuando se ha comparado el entorno familiar de niños con TDAH con el de niños con TDAH más TOD o TC, se ha evidenciado que en las formas puras de TDAH, existe un grado mucho menor de psicopatología y estrés familiar. Las separaciones matrimoniales y adversidad familiar en general se mostró 4 veces más frecuente en los casos de asociación TDAH con TOD o TC . Los niños con TDAH, que a los 5 años vivían en entornos familiares con altos grados de adversidad, tenían 5 veces más probabilidades de llegar a ser delincuentes, que en las familias estables. Un interesante estudio de seguimiento de 89 niños hiperactivos, mostró que en la edad adulta el 39 % de la muestra habían sufrido algún arresto, cifra significativamente mayor que el grupo control, en el cual únicamente habían sufrido arresto el 20 %. Sin embargo, cuando se analizaron las características de los pacientes con TDAH que habían sido detenidos, solo mostraban diferencias con respecto al grupo control los que tenían asociada comorbilidad con personalidad antisocial . Este grupo comórbido, es también especialmente propenso al uso de drogas y alcohol en la adolescencia y edad adulta. Otro factor que influye en el consumo de sustancias, es la persistencia del TDAH en la edad adulta. En cambio, no se ha apreciado que el uso de metilfenidato durante la edad escolar incremente el uso de drogas ; incluso se ha destacado el efecto protector del metilfenidato de cara al consumo de drogas ilícitas . La depresión también muestra una fuerte comorbilidad con el TDAH, y a pesar de que prácticamente todos los estudios que han abordado el problema, ponen en evidencia la asociación, difieren mucho en cuanto a los porcentajes de coincidencia entre ambos trastornos. Una vez más, las cifras vienen determinadas por la metodología de estudio utilizada. De todos modos diversos estudios convergen en aportar que alrededor del 30 % de niños con TDAH, tienen asociado algún trastorno afectivo (depresión mayor, trastorno bipolar o trastorno distímico) . De todos modos es obvio que estas cifras disminuyen mucho, cuando el estudio se realiza entre pacientes obtenidos de muestras poblacionales, en lugar de utilizar los niños que acuden a la consulta. Se debe hacer notar que no es raro que algunos síntomas depresivos pasen desapercibidos por los padres, y únicamente a partir de la entrevista individual con el niño puedan ser evidenciados. Los padres pueden ser muy conscientes de la falta de concentración, la impulsividad y los problemas de conducta, pero pueden tener poco conocimiento sobre los sentimientos de culpa y problemas del sueño. Los aspectos depresivos que mas se suelen apreciar en niños con TDAH son la falta de autoestima, estado de animo irritable, falta de energia, somatizaciones y problemas del sueño. Tambien debe hacerse notar que algun síntoma, relacionado con la dificultad para concentrarse es propio tanto del TDAH como del Trastorno depresivo. La depresión suele aparecer bastantes años después de haberse manifestado los síntomas de TDAH , y no parece que las características y la evolución de la depresión en niños con TDAH difiera de la depresión en niños sin TDAH. Tampoco se ha evidenciado que el riesgo de suicidio sea mayor en niños con TDAH y depresión, que en aquellos que únicamente tienen depresión ; pero si al TADH y la depresión se añade una personalidad impulsiva-agresiva, entonces el riesgo de suicidio aumenta significativamente . Por lo que respecta al trastorno bipolar, el solapamiento de síntomas con el TDAH es todavía mas marcado que para el trastorno depresivo mayor y la distimia. Los síntomas que se han mostrado más discriminativos son: el sentimiento de grandiosidad, el animo exaltado, la realización de actos atrevidos, la falta de inhibición en dirigirse a la gente, absurdidad, fuga de ideas, pensamiento veloz, hipersexualidad, disminución de la necesidad para dormir, pensamiento muy agudo, intensidad en la dirección de la acción a un objetivo, incremento de la productividad, humor irritable y lenguaje acelerado . La escala de Young para la manía se ha mostrado útil para diagnosticar de trastorno bipolar a niños con TDAH . Esta escala ha sido recientemente adaptada a la población española , y existe además una versión para padres . Los trastornos de ansiedad, se han considerado los trastornos psiquiatricos mas frecuentes en la edad infantil. Su comirbilidad con el TDAH es mucho mayor de la que seria de esperar por el azar. Al igual que para los trastornos depresivos, existe un amplio solapamiento de síntomas, por lo cual puede ser muy difícil determinar si el niño ha desarrollado hiperactividad y falta de atención a causa de la ansiedad; o bien su falta de autoestima derivada del TDAH, le ha hecho desarrollar una conducta ansiosa. El niño ansioso suele mostrar un estado permanente de preocupación o aprension, difícil de controlar, junto algunos síntomas que se confunden con los propios del TDAH como son: inquietud, fatigabilidad, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular y trastorno del sueño. Tambien es los casos de comorbilidad con ansiedad, puede ocurrir, al igual que con la depresión, que los padres no tengan percepción de los sentimientos ansiosos del hijo. Uno de los aspectos mas distintivos del niño con TDAH y ansioso es que no suele ser hiperactivo y disruptivo, y en cambio suele ser mas lento e ineficiente que los que unicamente tienen TDAH. Sin embargo, tambien en este caso existe un gran solapamiento con el tipo de TDAH preferentemente disatencional. Un dato interesante para discriminar los niños con TDAH y ansiedad es la historia familiar de ansiedad, la cual es muy prevalente en los niños ansiosos . De acuerdo con los estudios geneticos se refuerza la hipótesis de que TDAH y ansiedad son trastornos independientes que se heredan por separado, pero se potencian mutuamente Fenotipos conductuales con TDAH Existe un conjunto de trastornos genéticos que comparten las condiciones de tener retardo mental, y un fenotipo conductual propio para cada uno de ellos. Los más comunes son: el síndrome X frágil, el síndrome de Angelman, el síndrome de Williams, el síndrome velocardio facial y el síndrome de Prader – Willi. Además, debe incluirse en este grupo, por su elevada frecuencia, el síndrome alcohólico fetal y los efectos fetales del alcohol. Aunque todos estos grupos de pacientes difieren notablemente tanto es aspectos conductuales, como físicos, en todos ellos puede existir un TDAH como síntoma muy relevante. Es por ello, que es preciso tener en la mente este grupo de pacientes cuando se aborda un caso de TDAH. Si bien no es una práctica rentable, desde el punto de vista diagnóstico, solicitar estudios genéticos de forma indiscriminada a los niños con TDAH; si que es recomendable tener un elevado índice de sospecha, y tratar de indentificar alguno de los fenotipos conductuales propios de estas enfermedades, para investigar la posibilidad de estas enfermedades. TRATAMIENTO DEL TDAH CON PROBLEMAS COMÓRBIDOS TDAH y Síndrome de Tourette Es bien conocido que el metilfenidato puede empeorar los tics, aunque ello ocurre de forma más moderada a como se creía haces algunos años. Por este motivo, en la tabla VII quedan reflejadas las distintas opciones terapéuticas, para tratar el TDAH, cuando se asocia a síndrome de Tourette TABLA VII. OPCIONES TERAPÉUTICOS PARA TRATAR EL TDAH ASOCIADO A SÍNDROME DE TOURETTE - Metilfenidato a dosis moderadas - Clonidina - Metilfenidato asociado a otra droga Clonidina - Atomoxetina 2 Pineda DA, Lopera F, Henao GC, Palacio JD, Castellanos FX. Confirmacion de la elevada prevalencia del trastorno de deficit de atencion en la comunidad Colombiana. Rev Neurol. 2001; 32: 217-22 3 Kadesjo B, Gillberg C. The comorbidity of ADHD in the general population of Swedish school-age children. J Child Psychol Psychiatr 2001; 42: 487-92. 4 American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fourth Edition. Washington, DC: American Psychiatric Association; 1994 5 Barckley RA. Linkages between attention and executive functions. En Lyon GR, Krasnegor NA eds. Attention, memory, and executive function. Baltimore: Paul H Brookes; 1995. p. 307-326. 6 Baddeley AD, Hitch GJ. Developments in the concept of working memory. Neuropsychology 1994; 8: 1485-93. 7 Baddeley AD, Hitch GJ. Development of working memory: should the Pascual-Leone and the Baddeley and Hitch models be merged?. J Exp Child Psychol 2000; 77: 128-37. 8 Tanner CM, Goldman SM. Epidemiology of Tourette syndrome. Neurol Clin; 1997; 15: 395-402 9 Mason A, Banerjee S, Eapen V, Zeitlin H, Robertson MM. The prevalence of Tourette syndrome in a mainstream school population. Dev Med Child Neurol. 1998; 40: 292-6. 10 Cohen DJ, Leckman JF, Pauls D. Neuropsychiatric disorders of childhood: Tourette's syndrome as a model. Acta Paed 1997; Sup. 422:106-11. 11 Leckman JF, Cohen DJ. Tourette's Sindrome: Tics, obsessions, compulsions. New York: Wiley; 1996. 12 Kopp S, Gillberg C. Girls with social deficits and learning problems: Autism, atypical Asperger syndrome or a variant of these conditions. Eur Child Adolesc Psychiatry 1992; 1: 89-99. 13 Clark T, Feehan C, Tinline C, Vostanis P. Autistic symptoms in children with attention deficit-hyperactivity disorder. Eur Child Adolesc Psychiatry 1999; 8:50-5.
15 Gillberg IC, Gillberg C. Asperger s°ndrome. Some epidemiological considerations: a research note. J Child Psychol Psychiatry 1989; 30: 631-8.
18 Wing L. The relationship between Asperger`s
syndrome and Kanner's autism. En Frith U eds. Autism and Asperger
syndrome. Cambridge: University Press; 19 Fuster JM. The prefrontal cortex: Anatomy, phisiology and neuropsichology of the frontal lobe (2 on ed). New York: Raven; 1989. 20 Shaywitz SE, Shaywitz BE. Attention deficit disorder: Current perspectives. En Kavanaugh JF, Truss TJ, eds. Learning disabilities: Proceedings of the national conference. New York: New York Press; 1988. p. 369-523. 21 Frick PJ, Kamphaus RW, Lahey BB, Loeber R, Christ MA, Hart EL, et al. Academic underachievement and the disruptive behavior disorders. J Consult Clinic Psychol 1991; 59: 289-94. 22 August GJ, Garfinkel BD. Comorbidity of ADHD and reading disability among clinic-referred children. J Abnor Child Psychol 1990; 18: 29-45. 23 Cuetos F, Rodriguez B Ruano E. PROLEC, Bateria de evaluaci¢n de los procesos lectores de los ni§os de educaci¢n primaria. Madrid: Tea Ediciones; 2000 24 Ramos JL, Cuetos F. PROLEC-SE, Evaluaci¢n de los procesos lectores en alumnos de 3 er ciclo de primaria y secundaria. Madrid: Tea Ediciones; 2000 25 Toro J, Cervera M. TALE, Test de analisis de la lecto-escritura. Madrid: Tea Ediciones; 1999 26 Pickering, S.J. & Gathercole, S.E. Working memory deficits in dyslexia: Are they located in the phonological loop, visuo-spatial sketchpad, or the central executive? En prensa
Neurology 2001; 56: 781-3
29 Rasmussen P, Gillberg C. Natural outcome of ADHD with developmental coordination disorder at age 22 years: a controlled, longitudinal, community-based study. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 2000; 39: 1424-31. 30 Milich R, Widiger TA, Landau S. Differential diagnosis of attention deficit and conduct disorders using conditional probabilities. J Consult Clin Psychol 1987; 55: 762-7. 31 Shapiro SK, Garfinkel HD. The occurrence of
behavior disorders in children: the interdependence of Attention Deficit
Disorder and Conduct Disorder. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry
1986; 25: 809-19. 33 Werry JS, Reeves JC, Elkind GS. Attention deficit, conduct, oppositional, and anxiety disorders in children: I. A review of research on differentiating characteristics. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1987; 26: 133-43. 34 Szatmari P, Boyle M, Offord DR. ADDH and conduct disorder: degree of diagnostic overlap and differences among correlates. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1989; 28: 865-72. 35 Reeves JC, Werry JS, Elkind GS, Zametkin A. Attention deficit, conduct, oppositional, and anxiety disorders in children: II. Clinical characteristics. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1987; 26: 144-55. 36 Mannuzza S, Klein RG, Konig PH, Giampino TL. Hyperactive boys almost grown up. IV. Criminality and its relationship to psychiatric status. Arch Gen Psychiatry 1989; 46: 1073-9. 37 Goldman LS, Genel M, Bezman RJ, Slanetz PJ. Diagnosis and treatment of attention-deficit/hyperactivity disorder in children and adolescents. Council on Scientific Affairs, American Medical Association. JAMA 1998; 279: 1100-7. 38 Loney J. Risk of treatment versus non treatment. En: NIH Consensus Conference: Diagnosis and Tretament of Attention Deficit Hyperactivity Disorder. Washington, DC: National Institutes of Health; 1998. p. 175-9. 39 Biederman J, Faraone SV, Keenan K, Tsuang MT. Evidence of familial association between attention deficit disorder and major affective disorders. Arch Gen Psychiatry , 1991; 48: 633-42. 40 Jensen PS, Shervette RE, Xenakis SN, Richters
J. Anxiety and depressive disorders in attention deficit disorder
with hyperactivity: new findings. Am J Psychiatry 1993; 150:1203-9. 45 Fristad MA, Weller RA, Weller EB. The Mania Rating Scale (MRS): further reliability and validity studies with children. Ann Clin Psychiatry 1995; 7:127-32. 46 Colom F, Vieta E, Martinez-Aran A, Garcia-Garcia M, Reinares M, Torrent C, Goikolea JM, Banus S, Salamero M. Versi¢n espa§ola de una escala de evaluaci¢n de la man°a: validez y fiabilidad de la Escala de Young. Med Clin 2002; 119:366-71. 47 Youngstrom EA, Findling RL, Calabrese JR. Discriminative validity of a parent version of the Young Mania Rating Scale. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 2002; 41: 1350-9. 48 Biederman J, Faraone SV, Keenan K, Benjamin
J, Krifcher B, Moore C, Sprich-Buckminster S, Ugaglia K, Jellinek
MS, Steingard R, et al. Further evidence for family-genetic risk factors
in attention deficit hyperactivity disorder. Patterns of comorbidity
in probands and relatives psychiatrically and pediatrically referred
samples. Arch Gen Psychiatry 1992; 49:728-38. 52 Connor DF, Fletcher KE, Swanson JM. A metaanalysis of clonidine for symptoms of attentiondeficit hyperactivity disorder. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1999; 38: 1551-9. 53 Cantwell DP, Swanson J, Connor DF. Case study: adverse response to clonidine. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1997; 36: 539-44. 54 Blackman JA, SamsonFang L, Gutgesell H. Clonidine
and electrocardiograms. 55 David Michelson, Douglas Faries, Joachim Wernicke, Douglas Kelsey, Katherine Kendrick, F. Randy Sallee, Thomas Spencer, and the Atomoxetine ADHD Study Group Atomoxetine in the Treatment of Children and Adolescents With Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: A Randomized, Placebo-Controlled, Dose-Response Study Pediatrics 2001 108: e83 56 Handen BL, Johnson CR, Lubetsky M. Efficacy of methylphenidate among children with autism and symptoms of attention-deficit hyperactivity disorder. J Autism Develop Dis 2000; 30: 245-55. 57 McCracken JT, McGough J, Shah B, et al. Risperidone in children with autism and serious behavioral problems. N Engl J Med 2002; 347:314-21 58 March JS, Biederman J, Wolkow R, Safferman A, Mardekian J, Cook EH, et alt. Sertraline in children and adolescents with obsessive-compulsive disorder: a multicenter randomized controlled trial. JAMA 1998; 280: 1752-6. 59 Wilens TE, Biederman J, March JS, Wolkow R, Fine CS, Millstein RB, Faraone SV, Geller D, Spencer TJ. Absence of cardiovascular adverse effects of sertraline in children and adolescents. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1999; 38: 573-7. 60 Graae F, Milner J, Rizzotto L, Klein RG. Clonazepam in childhood anxiety disorders. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1994; 33: 372-6. 61 Simeon JG, Ferguson HB, Knott V, Roberts N, Gauthier B, Dubois C, Wiggins D. Clinical, cognitive, and neurophysiological effects of alprazolam in children and adolescents with overanxious and avoidant disorders. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1992; 31: 29-33. 62 Cheer SM. Figgitt DP. Spotlight on fluvoxamine in anxiety disorders in children and adolescents. CNS Drugs 2002; 16: 139-44. 64 Deberdt W. Interaction between psychological and pharmacological treatment in cognitive impairment. Life Sciences 1994; 55: 2057-66. 65 Di Ianni M, Wilsher CR, Blank MS, Conners CK, Chase CH, Funkenstein HH, et al. The effects of piracetam in children with dyslexia. J Clin Psychopharmacol 1985; 5: 272-8. 66 Barckley RA. Attention deficit hyperactivity disorder: a handbook for diagnosis and treatment. New York: Guilford; 1990 67 Gross-Tsur V, Manor O, van der Meere J, Joseph A, Shalev RS. Epilepsy and attention deficit hyperactivity disorder: is methylphenidate safe and effective? J Pediatr 1997;130: 40-4. 68 Popper CW. Pharmacologic alternatives to psychostimulants for the treatment of attention-deficit/hyperactivity disorder. Child Adolesc Psychiatric Clin North Am 2000; 9: 605-46. 69 Silva RR, Munoz DM, Alpert M. Carbamazepine use in children and adolescents with features of attention-deficit hyperactivity disorder: a meta-analysis J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1996; 35: 352-8. 70 Soutullo CA, Casuto LS, Keck PE Jr. Gabapentin in the treatment of adolescent mania: a case report. J Child Adolesc Psychopharmacol 1998; 8: 81-5. 71 Gara L, Roberts W. Adverse response to methylphenidate in combination with valproic acid. J Child Adolesc Psychopharmacol 2000; 10: 39-43. 72 Handen BL, Feldman HM, Lurier A, Murray PJ. Efficacy of methylphenidate among preschool children with developmental disabilities and ADHD J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1999; 38: 805-12. 73 Cueva JE, Overall JE, Small AM, Armenteros JL, Perry R, Campbell M. Carbamazepine in aggressive children with conduct disorder: a double-blind and placebo-controlled study. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1996; 35: 480-90. 74 Snyder R, Turgay A, Aman M, Binder C, Fisman
S, Carroll A. The Risperidone Conduct Study Group. Effects of risperidone
on conduct and disruptive behavior disorders in children with subaverage
IQs. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 2002; 41: 1026-36. |